Parashat Ha'azinu 2020

 

Los días de mirar hacia atrás”

Comentario a la Parashat Ha'azinu

Por Adi Cangado


El pasado viernes arrancaba un nuevo año judío, el año 5781, en hebreo Rosh Ha-shaná, el primero del año. Antes de su llegada la gente se llama y se escribe para desear que el año sea bueno y dulce. Recibes y envías un montón de mensajes y correos de shaná tová u-metuká, un “año bueno y dulce”, muchas veces acompañando el saludo con imágenes de manzanas y miel, pues es costumbre comer manzana con miel esa noche, metáfora de un año bueno y dulce, y a veces un shofar acostado junto a ellas es parte de la felicitación o de la tarjeta, porque ese día es también yom teruá, el día de los toques y las voces del shofar.

La mayoría asocia el 1º de Tishrí con esas imágenes: la gente se saluda con un shaná tová, manzanas con miel, y los toques del shofar. Pero, ¿es ese realmente el mensaje principal del día? En la Torá ni siquiera aparece la expresión Rosh Ha-shaná, pues el año antiguamente comenzaba en el mes de Nisán, seis meses antes, con la llegada de la primavera. Las manzanas y la miel tienen su origen en el norte de Francia, durante la Edad Media. El 1º de Tishrí era yom teruá, el día del toque de shofar, para anunciar al pueblo que se aproximaba Yom Kipur, el día del perdón, de expiación, y era urgente hacer teshuvá, es decir, “volver atrás”, revisar el camino que nos trae hasta aquí, nuestra vida, y por esa razón se llama a este día yom ha-zikarón, es decir, el “día de recordación”, un día para hacer memoria. Uno de mis autores de cabecera, Claude G. Montefiore, decía que el día de Año Nuevo era un día de Sammlung. En alemán esta palabra significa acopio, colección, o recolección: reunir y recolectar recuerdos del año que estamos a punto de dejar atrás.

Cada fiesta judía exalta una enseñanza relevante del judaísmo, a través de la memoria. Pero también podemos verlo al revés, como si cada fiesta proyectase al resto del año una determinada idea, como si cada festividad irradiase una luz parpadeante de advertencia o de aviso a los días que la preceden y la siguen. En Pésaj, la Pascua judía, se celebra la libertad y recordamos que fuimos liberados de la esclavitud en Egipto, y el resto del año la liturgia está llena de referencias a yetsiat Mitsrayim, “la salida de Egipto”. ¡Cuántas veces declaramos mi-Mitsrayim guealtanu u-mi-vet avadim peditanu “de Egipto nos liberaste y nos redimiste de la casa de la esclavitud”! Antes de leer la Torá, durante todo el año, bendecimos a Dios y le llamamos notén ha-Torá, “el que da la Torá”, el que imparte enseñanza, como si fuese un pedacito de Shavuot, la fiesta en la que celebramos que Dios nos dio la Torá. ¿Y Sukot, la fiesta de las cabañas? Se construirá la suká, la “cabaña”, porque en esas frágiles cabañas habitaban nuestros antepasados, y el resto del año, por las noches, pedimos a Dios que nos refugie en su sukat shalom, su “cabaña de paz”, no importa si es frágil, le rogamos que nos conceda protección contra la espada, la enfermedad, el hambre, la angustia; le pedimos que nos abrigue en su palio o tabernáculo de paz.

Mientras hacía mis oraciones de Rosh Ha-shaná pensé en qué mensaje, qué prosa o poesía, proyecta ese día al resto del año, tal y como ocurre con otras festividades. Ni manzanas con miel ni toques de shofar, sin embargo, curiosamente, hay dos oraciones completas que tienen su origen en esta fiesta y que recitamos el resto del año: “Alenu” y “Ya'alé ve-yavó”.

La primera, “Alenu”, está en la liturgia de Año Nuevo en una parte llamada Maljuyot, “Reinos”, en donde se remarca la idea de que Dios es Mélej, “Rey”, o si lo preferís “Soberano” del universo. El salmista dice, “de Dios es la tierra y lo que hay en ella, el mundo y quienes moran en él” (Salm. 24:1). El ser humano se siente diminuto ante tal inmensidad, asombrado, vulnerable, mortal. Antes de llegar a esta parte, se recita un poema del Rabí Amnón de Mainz, un sabio del siglo XI, en donde leemos así:

Nuestro origen es el polvo, nuestro final es el polvo.

Nuestra vida es una lucha por el pan de cada día. Somos como una vasija frágil;

como la hierba que se seca, como la flor que se marchita,

como una sombra que avanza, como una nube que pasa;

como una partícula de polvo flotando en el viento, como un sueño rápidamente olvidado.

Pero Tú eres el Soberano, Dios viviente y eterno.”

La sección en la que encontramos “Alenu” nos empequeñece ante Dios y sin embargo, de toda su prosa y su poesía, es “Alenu” la oración de este día que recitamos el resto del año, cada día. En ella afirmamos que Dios creó los cielos y la tierra, y expresamos nuestras esperanzas en la reparación del mundo. Pero en hebreo alenu significa “sobre nosotros”. No importa lo diminuta que sea nuestra fuerza humana, no importa nuestra fragilidad, ni lo breve que es nuestra vida comparada con la inmensidad del universo, la misión de reparar el mundo recae alenu “sobre nosotros”, y empieza en nuestro interior, y en nuestra casa, y con la gente que nos rodea y las relaciones que entablamos con los demás, con quienes están más cerca.

La otra oración de Año Nuevo que se repite el resto del año es “Ya'alé ve-yavó”, que se añade en cada primer día de mes y en las demás fiestas. Dice así:

"Nuestro Dios y Dios de nuestros antepasados, recuérdanos y recuerda a todo tu pueblo, la casa de Israel, y concédenos bienestar y bendición, vida y paz, en este día de la memoria. Recuérdanos, Dios nuestro, en él, para todo lo bueno, y toma nota de nosotros, en él, para bendición, y ayúdanos, en él, para la vida. De acuerdo a Tu promesa, sé misericordioso y compasivo con nosotros, y ayúdanos, pues a Ti se dirige nuestra mirada, porque eres un Dios y Soberano misericordioso y compasivo.”

Recuérdanos para lo bueno, y también haznos recordar lo bueno. Toma nota de nosotros para bendición, y también haznos tomar nota de cada bendición recibida. Ayúdanos para la vida, porque la vida es breve y muchas veces difícil, y también haznos ayudar para mejorar la vida de los otros, haznos dar vida.

Antes decíamos que el 1º de Tishrí es un día de Sammlung, de “recolección”, yom ha-zikarón, día de recordación. Pero para recolectar recuerdos es necesario reclamar tiempo, dedicar tiempo, tiempo con el que fabricar recuerdos, con el que tejer la memoria. Precisamente esta semana leemos la penúltima porción de la Torá, la Parashat Ha'azinu, la shirat Moshé o “canción de Moisés”, que dice así (Deut. 32:7):

"Recuerda los días de ayer, considera los años de épocas pasadas; pregunta a tu padre y él te dirá, a tu abuelo y él te contará.”

El pueblo de Israel debía cantar este poema de Moisés cuando llegasen épocas difíciles. Dios les estaba pidiendo que hiciesen memoria, ¿cómo habéis llegado hasta aquí? En esta época del año hacemos teshuvá, “volvemos atrás”, reflexionamos sobre cómo hemos llegado hasta aquí. Para conocer la dirección que lleva nuestra vida solamente podemos mirar atrás. Cada memoria es como una lámpara que quedó encendida en el camino; al mirar hacia atrás observamos el rastro de luz que hemos dejado, y también la dirección que dibujaron nuestros pasos. ¿Cómo es esa línea de puntos? ¿Hacia dónde parece llevarnos? ¿Querríamos cambiar algo? ¿El qué? ¿Qué queremos reparar? Hemos pasado la página y la siguiente está en blanco. ¿Qué recuerdos construiremos este año? ¿Hacia dónde nos llevarán? Cada día nos brinda una oportunidad para reparar, una oportunidad para construir memoria. “Enséñanos a contar nuestros días, para así obtener un corazón sabio” (Salm. 90:12). Enséñanos, Dios, a contar cada día, a hacer que cada día cuente.

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