Parashat Shofetim 2020

Árboles y altares”

Comentario a la Parashat Shofetim

Por Adi Cangado


Este jueves a la noche empieza el mes de Elul, el último del año. Quedan pocas semanas para Yom Kipur, el Día del Perdón, y a medida que se acerca la fecha nos asaltan en la memoria sus plegarias y sus melodías; el día más especial del año judío. La porción de esta semana, la Parashat Shofetim (Deut. 16:18-21:9), contiene un versículo que dice así: tsédek tsédek tirdof “justicia, justicia debes perseguir”. ¿Por qué se repite la palabra “justicia”?

Cuando estudiamos un versículo de la Torá es fundamental comprender el lugar que ocupa en la narración. ¿Qué se nos enseña antes y después? Vamos a leer el versículo en su lugar (Deut. 16:19-21):

"No debes torcer el juicio, ni mostrar parcialidad; no debes tomar soborno, pues el soborno turbia los ojos de los sabios y distorsiona la palabra de los justos. Justicia, justicia debes perseguir, para que puedas vivir y ocupar la tierra que el Eterno, tu Dios, te está dando. No plantes un árbol de ritos paganos, ni cualquier poste sagrado, al lado del altar del Eterno tu Dios que harás para ti.”

Allí en donde recuerdes el nombre del Dios Único, el altar en que poses las ofrendas de tu tiempo, es decir, de tus obras, de tus manos, de tus labios, de tu pensamiento, no puede haber otra distracción que consideres sagrada; no pueden estar “otros dioses”. La mezcla primigenia de justicia y de amor, de equidad y de compasión, de ausencia de daño al semejante y de ayuda positiva, la tsedaká, que es más grande que todas las antiguas ofrendas, es parte de un mandamiento único, de la Torá, enseñanza única, del Dios Único.

Torcemos el juicio cuando nos mostramos más benevolentes con el afín que con el opositor, con el amante que con el enemigo, con el similar que con el diferente. No debemos ser parciales, pues lo que se te exige a ti, se exige a todos por igual; lo que tú debes hacer, todos por igual deben hacer. Todo ser humano es tu semejante, igual que tú eres el semejante de todos los demás. Tomas soborno cuando disfrutas de la gratificación emocional que te invade cuando defiendes tu porción incluso ante palabras y acciones que no son justas. Los ojos se turbian y se pierde la sabiduría, y la palabra queda vaciada de toda significación. El Dios Único exige apego absoluto a su enseñanza única, de la que forma parte el deber de perseguir la justicia. Si no, será como si tuvieses muchos dioses, cada uno de ellos con su particular y parcial demanda, aplicando a cada ser humano, según tu parecer, las pesas de tamaños distintos que lleves en los bolsillos.

Por eso la repetición es aquí un guiño a buscar otras repeticiones. Tsédek tsédek, “justicia justicia”, no es aquí doble justicia, o las dobles morales o múltiples morales que a veces aplicamos en nuestra vida, sino solamente justicia. Busca y busca las horas que quieras, la justicia es una y siempre la misma: única y exclusivamente justicia. La Torá nos hace un guiño aquí. Mientras leía este versículo, me acordé de las oraciones de Yom Kipur. En ese día recitamos varias veces el siguiente texto (Éx. 34:5-6):

"Descendió el Eterno entre la bruma, y Él se paró con él (con Moisés) allí, y proclamó el nombre de lo Eterno. El Eterno pasó ante él y dijo: Adonai Adonai, un Dios compasivo y misericordioso, lento en la ira, abundante en amor y en verdad.”

Excelente presentación. Adonai Adonai, “el Eterno, el Eterno”. El nombre inefable e impronunciable de lo Divino, fórmula del Eterno acontecer del ser y del tiempo, dos veces. Los Rabinos en el Talmud se preguntan por qué se repite el nombre dos veces y explican que el significado es: “Yo soy Dios antes de que la persona peca, y Yo soy Dios después de que la persona peca y se arrepiente”, es decir, retorna en la dirección adecuada para su vida. El ser humano cambia la dirección en su vida muchas veces y otras tantas regresa al camino de la enseñanza; Dios no, Dios es siempre el mismo, está siempre ahí esperando nuestra vuelta al camino.

Tuerce si quieres el juicio, sé parcial si lo deseas, toma soborno, cierra los ojos y miente si te parece; aún cuando así sea, tsédek tsédek, la justicia es siempre la misma, siempre única, y clamará la sangre inocente derramada, a ti, a todos, y a Dios. Con los ojos ciegos y la boca comprada, nacerá la maleza junto al altar de tus obras, de tus palabras, de tus ideas, y quizás llegue el día en que las raíces de tanta maleza levanten el altar, y donde tenías al Dios Único, ya solamente quedarán “otros dioses” (la política, la prensa, la oportunidad, el dinero, …).

La justicia única, en el mandamiento único del Dios Único, exige de nosotros un altar único y solitario en el interior, en lo más profundo de la mente. Tamim tihié im Adonai Eloheja, “Íntegro serás con el Eterno tu Dios” (Deut. 18:13). Integridad, honestidad, ejemplaridad. Íntegro es también entero, completo.

Justicia, justicia debes perseguir, para que puedas vivir y ocupar la tierra que el Eterno, tu Dios, te está dando.” (Deut. 16:20). Dice Dios (Isaías 51:12): “Anojí Anojí, El que os consuela. ¿Qué os aflije que teméis al hombre que ha de morir, a los mortales que se secan como la hierba?”. Anojí Anojí, “Yo Yo”, dice Dios. ¿A quién teméis para no hacer justicia? ¿Ante quién tenéis miedo de ser imparciales, de ser honestos? Sed integros, y sed valientes.

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