Parashat Nóaj 5780

Érase una vez un arca y un mundo de deseo
Por Adi Cangado

Comentario a la Parashat Nóaj



Esta semana leemos la historia de Noé. Noé era un hombre justo en su generación. El ser humano destruía la tierra, pero ésta se rebeló. El nivel de los mares subió y se puso a llover. Las aguas del diluvio cubrieron la tierra. Pero Noé había construido un arca para refugiarse: para él, su mujer, y sus hijos con sus esposas, y para un remanente de la flora y la fauna del mundo. Al arca de esta historia la llamamos en hebreo tevá (תיבה). La tevá les protegía de la catástrofe. Es, por lo tanto, una metáfora de protección, pero ¿cómo habría sido ese viaje a ninguna parte? A sus habitantes llegaría a faltarles el oxígeno para respirar, y la atmósfera dentro de la nave sería asfixiante. El olor a encierro, la oscuridad, la humedad, el frío, el miedo. ¿Qué sabían del lugar al que iban? ¿Acaso sabían si habría lugar al que llegar?

En la tierra de Israel hasta hace mil años y en algunas comunidades judías de Egipto hasta el siglo XIII, la Torá se leía en la sinagoga en un ciclo de más de tres años. Ellos no dividían la Torá en 54 parashot o porciones como hacemos en la actualidad (para leer en un año), sino al menos en 157 sedrot, tal y como refleja la poesía litúrgica de aquella época y los manuscritos de la guenizá de Fustat (El Cairo). Por ejemplo, en el lugar de la Parashat Nóaj, aquellas comunidades judías hacían 5 lecturas: Toledot Nóaj (“Las generaciones de Noé”, desde Gén. 6:9), Vayizkor Elokim (“Dios recordó”, desde el v. 8:1), Tse min ha-tevá (“¡Sal del arca!”, desde el v. 8:15), Vayihiú vené (“Fueron los hijos”, desde el v. 9:18), y Vayehí jol ha-árets (“Tenía toda la tierra”, desde el v. 11:1). Cada una de las cinco tenía su haftará, porción de los libros proféticos que se lee después de la Torá. Muchas de estas haftarot han quedado reflejadas en la poesía de Yanai, poeta israelí de la primera mitad del siglo VII, durante la etapa de dominación bizantina.

Tse min ha-tevá. ¡Sal del arca!, le dijo Dios a Noé (Gén. 8:16). Pues no salían aunque la tierra se había secado ya. Las arcas, cajas, armarios, lugares oscuros físicos y emocionales donde nos refugiamos del exterior, donde nos escondemos, donde nos parece que estaremos bien, a pesar de la oscuridad, del abismo. Llegó un día en que nos aburríamos tanto que incluso empezamos a medir la tevá minuciosamente. ¿En qué si no podíamos entretenernos? Pasaron las horas, y con las horas los ojos se habituaron a la ausencia de luz. Después la comodidad, y al final la resistencia a salir. Yanai compuso siete poesías que se insertaban en las oraciones de la mañana, en la “Amidá” de Shajarit, durante la jazará o repetición por parte del cantor: un maguén para la 1ª bendición, un mejayé para la 2ª, y un meshalesh y cuatro poemas más para la “Kedushá”. A medida que la comunidad recitaba las oraciones, estas composiciones anticipaban la temática de la lectura de la Torá de esa semana, pero también, entre líneas, ha quedado en ellas lo que podríamos llamar Midrash en verso, es decir, la interpretación y las emociones rimadas del propio autor. La séptima pieza, llamada rahit (רהיט) o dromos (δρόμος) que en griego significa “camino”, es sumamente bella:

ובכן צא מן התיבה
צא מאסירה להתרה, צא מבלהה להנחה
צא מג..., צא מדחיקה לדיצה
צא מהווה להויה, צא מזעימה לזקיפה
צא מחשיכה לאורה, צא מטלטלה להבטחה
צא מיגיעה לרגיעה, צא מכליאה לדררה
צא מלחיצה לעליצה, צא ממוותה לתחייה
צא מנהייה לנהורה, צא מסגירה לפתיחה
צא מעמילה לנפישה, צא מפנימה לחוצה
צא מצרה לרווחה, צא מקללה לברכה
צא מרגיזה לרצייה, צא משמה לשליווה
צא מתבה לתאיבה

Tse min ha-tevá. Sal de la “tevá”.
Sal del confinamiento hacia la libertad, sal del temblor hacia la tranquilidad.
Sal …, sal de la opresión a la dicha.
Sal del vaivén a la firmeza, sal de la retirada para caminar con la cabeza alta.
Sal de la sombra hacia la luz, sal de la persecución hacia la protección.
Sal del trabajo a la diversión, sal de la restricción a la liberación.
Sal del luto a la alegría, sal de la muerte hacia otra vez la vida.
Sal de la lamentación a la celebración, sal de la cerrazón hacia la puerta.
Sal del esfuerzo a la facilidad, sal de dentro hacia afuera.
Sal del apuro hacia el deleite, sal de la maldición a la bendición.
Sal de la furia a la voluntad, sal del conflicto a la calma.
Tse mi-tevá li-teivá, ¡Sal de la “tevá” a un mundo de deseo!

Tse mi-tevá li-teivá (צא מתיבה לתאיבה). Todas estas metáforas a partir de las primeras palabras de la sedra o lectura (Gén. 8:15-9:17), y más que podríamos añadir. ¿De qué oscuras tevot (תיבות) deberíamos salir? ¡Y cuánto nos cuesta! ¿Verdad? De un marido maltratador, del armario, de amistades tóxicas. De la pobreza, de la guerra, de la violencia. De la enfermedad, del dolor, de la pena. De las seguridades, de los prejuicios. Del odio. De la comodidad del sofá y de la comodidad de no re-pensar, de no re-considerar ideas antiguas. Del temor, de la vergüenza. De la pantalla del móvil para admirar el mundo, de la esclavitud de los auriculares para escuchar a otros. De un trabajo mal pagado, o que no nos gusta, o que ya no te hace feliz. Pues no lo haces por ti solamente, sino también por los demás, y procura, mientras atraviesas la puerta, mirar atrás y extender la mano porque, al igual que en la tevá del diluvio, a muchos se les hace duro salir y necesitarán que tú estés ahí. Y ahí es en donde el versículo 8:16 de Génesis enlaza con las primeras palabras de su haftará (Isaías 42:7):

צֵ֖א מִן־הַתֵּבָ֑ה אַתָּ֕ה וְאִשְׁתְּךָ֛ וּבָנֶ֥יךָ וּנְשֵֽׁי־בָנֶ֖יךָ אִתָּֽךְ:
”¡Sal del arca! , y tu mujer y tus hijos y las esposas de tus hijos contigo.”

לִפְקֹ֖חַ עֵינַ֣יִם עִוְר֑וֹת לְהוֹצִ֚יא מִמַּסְגֵּר֙ אַסִּ֔יר מִבֵּ֥ית כֶּ֖לֶא י֥שְׁבֵי חֹֽשֶׁךְ:
”Para abrir los ojos ciegos, para hacer salir de su mazmorra al prisionero, de su cárcel a quienes se sientan en la oscuridad.”

Si tú sales, ellos podrán salir contigo. ¿Y qué pasará al salir? Que no siempre acertarás porque el camino a recorrer no lo conocías, pero el universo sabe que el ser humano puede equivocarse (v. 8:21). E igualmente, ¡sal del arca! Haga frío o haga calor, sea verano o sea invierno, de día o de noche (v. 8:22), pues mientras tus pies pisen la tierra el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, no cesarán. Te parecerá todo nuevo, pero sé valiente. Dijo el profeta que Dios dijo: “Y guiaré a los ciegos por un camino que no conocían; (…) convertiré para ellos la oscuridad en luz, (…) no les abandonaré” (Isaías 42:16).

Pues si te quedas dentro, dentro del arca, en las tevot (תיבות) que has construido para protegerte o para esconderte, estarás a oscuras: en un abismo. Y si miras largo rato y fijamente a un abismo, al final el abismo mirará también dentro de ti (Friedrich Nietzsche), y tal vez un día nunca más podrás salir.

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