Parashat Bejukotay 5779

”Regresar, reparar, resistir.”
Por Adi Cangado

Comentario a la Parashat Bejukotay



“Y tus descendientes reconstruirán las antiguas ruinas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado “reparador de brechas”, “restaurador de caminos”, para morar en ellas.” (Isaías 58:12)

Después de instruir a los israelitas sobre los preceptos de shemitá (el año sabático o año de descanso para la tierra) y yovel (el jubileo), Dios detalla las bendiciones que brotarán de su cumplimiento y las consecuencias terribles que se derivan de su abandono. La mayoría de los años leemos las dos porciones juntas, Behar y Bejukotay, pues la segunda es continuación de la primera; y dado que el relato comenzaba be'har “en la montaña” (Lev. 25:1), concluye también be'har (Lev. 27:34).

El descanso de la tierra promete a sus moradores prosperidad: prosperidad en la sostenibilidad. Al igual que el hombre o la mujer que no descansan de su trabajo acaban bajo el yugo de la esclavitud y de la explotación, también la tierra que no reposa es explotada y sus recursos se agotan. Los esclavos quedan atrapados en una vida de angosturas (y de angustias), pero la tierra que está agotada expulsa a sus habitantes. Las bendiciones que la Torá detalla le ocurren a quien comulga con la tierra; las maldiciones llegan cuando nos separamos de ella. Pero de todas ellas una me ha atrapado de manera especial. “Huiréis sin que nadie os persiga” (Lev. 26:17, 36).

¿Qué metáfora más apropiada podríamos hallar? La contraposición en inglés es muy clara: si no dejas a la tierra descansar (to rest), ella te apartará, te expulsará, y tú pasarás los días como flotando, separado del suelo, sumido en el desasosiego (unrest). ¿Qué es el desasosiego sino esa huida sin razón, desapego hasta de la propia vida, levedad?

A lo largo de la porción de esta semana aparecen dos palabras hebreas muy especiales: keri [קרי] y komemiyut [קוממיות].

La primera se repite 7 veces durante el relato de las consecuencias que conlleva la explotación de la tierra y ninguna más en el resto de la Biblia Hebrea. ¿Qué significa? El gramático del siglo X Menajem ben Yaakov ibn-Saruq y el traductor al arameo Onkelos interpretan keri como “rechazo”, “terquedad”, o “negación a un acercamiento”. Al incumplir los preceptos de shemitá y yovel, los israelitas se alejan de Dios. Sin embargo en el Midrash (Sifrá) keri se entiende como “casualidad”. Me parece que las dos opciones apuntan en la misma dirección. Me gusta hablar de Dios como el “Eterno acontecer del ser y del tiempo”. ¿En qué se distingue de aquella casualidad? La eterna casualidad es el eterno desasosiego y la eterna levedad: pasar por el mundo llevados por la inercia, huir sin que nadie nos persiga, atravesar los días de nuestra vida sin buscar ni hallar el significado íntimo, el reencuentro posible con el suelo que pisamos. En la casualidad no hallaremos reposo ni respuesta ni rumbo: solamente separación, fractura, desmemoria. Sin embargo, el Eterno acontecer del ser y del tiempo es el Eterno crear, impulsar, de la naturaleza y de la historia, que se nos revela y presenta en el encuentro y que inspiró a nuestros antepasados cometidos y valores que asumimos y heredamos en cada generación. No es en la casualidad sino en la Eterna causalidad en la que vislumbramos una dirección, un impulso, una búsqueda de significado, de justicia, y de bondad y amabilidad.

Aquí debemos acudir a la segunda palabra: komemiyut. Después de enumerar Dios las bendiciones que conlleva respetar el descanso de la tierra, concluye así (Lev. 26:13):

אֲנִ֞י יי אֱלֹֽהֵיכֶ֗ם אֲשֶׁ֨ר הוֹצֵ֤אתִי אֶתְכֶם֙ מֵאֶ֣רֶץ מִצְרַ֔יִם מִֽהְיֹ֥ת לָהֶ֖ם עֲבָדִ֑ים וָאֶשְׁבֹּר֙ מֹטֹ֣ת עֻלְּכֶ֔ם וָאוֹלֵ֥ךְ אֶתְכֶ֖ם קֽוֹמְמִיּֽוּת׃

"Yo soy el Eterno, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para que no fuerais esclavos, y rompí las coyundas de vuestro yugo y os hice andar con dignidad y en libertad.”

Esta es la única vez que la Torá usa la palabra komemiyut. En sus traducciones al arameo Yonatán lo sustituye por le'komá zekufáקומא זקופא] “con el cuerpo erguido”, con dignidad, y Onkelos lo interpreta como le'jerutá [לחרותא] “en libertad”. Ponerse en pie, erguidos, con dignidad y en libertad. El que se levanta y defiende su dignidad, apega los pies a la tierra que pisa. ¿Qué es la libertad, según la tradición judía, sino libertad en el imperio de esos cometidos y valores heredados?

En la encrucijada se bifurca el camino: o el desasosiego, el exilio de ninguna parte y hacia ningún lugar, suelo por el que correrás sin que nadie te persiga; o la dirección, el significado, la búsqueda del encuentro, donde reencontrar la tierra, y los árboles, y las viñas, y la memoria y la historia, y de ellos extraer su fruto para nutrir nuestra vida. En la primera bifurcación la inercia te empujará de casualidad en casualidad, pero en la segunda cada instante se llenará de causa, de significado, de propósito. ¿Hacia dónde caminar con dignidad, con la cabeza alta? En la travesía encontrarás tres aldeas: la primera se llama Teshuvá [תשובה], “Retorno”; la segunda se llama Tikún [תיקון], “Reparación”; y a la tercera me gusta llamarla Tekumáקומה], “Resistencia”, resistencia que consiste en renacimiento, resistencia con dignidad, resistencia en libertad.

Regresar a la tierra, reparar las ruinas y resistir con dignidad. En el planeta, en la tierra prometida que está bajo el suelo que pisas, y también en la tierra de Israel. Recordar los errores del pasado para reconstruir un futuro posible para las generaciones del mañana, tal y como dijo el profeta Isaías (v. 58:12). “Y tus descendientes reconstruirán las antiguas ruinas; los cimientos de generación y generación tekomemקומם] levantarás, y serás llamado “reparador de brechas”, “restaurador de caminos”, para morar en ellas.”

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