Parashat Jayé Sará 5779: Reflexiones sobre el atentado en "Tree of Life" (Pittsburgh)

“Stronger than hate”
Por Adi Cangado
Comentario a la Parashat Jayé Sará



Cuando Sara fallece en Kiriat Arbá, Hebrón, Abraham habla a los hititas y les dice lo siguiente (Gén. 23:4):
גֵּֽר־וְתוֹשָׁ֥ב אָֽנֹכִ֖י עִמָּכֶ֑ם תְּנ֨וּ לִ֤י אֲחֻזַּת־קֶ֨בֶר֙ עִמָּכֶ֔ם וְאֶקְבְּרָ֥ה מֵתִ֖י מִלְּפָנָֽי:
“Soy guer ve-toshab extranjero y un habitante entre vosotros. Dadme propiedad para sepultura entre vosotros y así enterraré a mi muerta de delante de mí.”
Entre los hititas estaba sentado Efrón, hijo de Tsójar, quien venderá a Abraham la cueva de la Majpelá: el campo, con todos sus árboles, y la cueva que había en él, para que Abraham pueda dar sepultura a Sara.
En el versículo 25:23 del libro de Vayikrá (Levítico) leemos esta advertencia:
וְהָאָ֗רֶץ לֹ֤א תִמָּכֵר֙ לִצְמִתֻ֔ת כִּי־לִ֖י הָאָ֑רֶץ כִּֽי־גֵרִ֧ים וְתֽוֹשָׁבִ֛ים אַתֶּ֖ם עִמָּדִֽי:
“Y la tierra no será vendida de manera irrevocable, pues la tierra es Mía y vosotros guerim ve-toshabim extranjeros y huéspedes en ella.”
Había estudiado en profundidad otro verso de la porción de esta semana para compartir en el blog, pero tras el ataque sufrido el pasado Shabat durante las oraciones de la mañana en la sinagoga “Ets Jayim – Or Le-simjá” de Pittsburgh, con once víctimas mortales y varios heridos, he pensado que debíamos reflexionar sobre ello. Curiosamente el pasado Shabat en todas las sinagogas del mundo leíamos cómo Abraham recibía a unos huéspedes en su tienda, les acogía y les daba de beber y de comer.
En uno de los últimos mensajes que publicó en redes sociales antes de perpetrar su crimen, Robert Bowers acusaba a la comunidad judía de “promover el exterminio de su pueblo”, mencionando expresamente a HIAS (Hebrew Immigrant Aid Society), organización judía dedicada a prestar ayuda y colaborar con las autoridades en la absorción e integración de migrantes en los Estados Unidos, dentro del programa oficial de admisión de refugiados junto a ocho agencias más a nivel federal. Fundada en el año 1881, en la actualidad continúa su labor para integrar a migrantes y refugiados y aportarles acogida y ofrecerles libertad, sobre la base de los valores históricos de la tradición judía y de los ideales de los redactores de la Constitución americana, rescatando a seres humanos cuyas vidas peligran muchas veces simplemente por ser quienes son.
Abraham y Sara, nuestros antepasados, fueron también migrantes y refugiados. Así se nos relata en la Parashat Lej Lejá. Por esta razón, el pasado día 20 de octubre se había dedicado el Shabat en varias comunidades judías norteamericanas a los refugiados. Los judíos conocemos el corazón del migrante y el refugiado, y la historia de nuestros padres y nuestras madres nos relata la experiencia de huir del lugar natal en busca de la libertad o la supervivencia. Entre las sinagogas afiliadas a este programa estaba “Ets Jayim – Or Le-simjá”. Los once inocentes asesinados en Pittsburgh y los heridos, y sus familiares y amigos, han sido víctimas del odio primario de Robert Bowers, y si bien esperamos que todo el peso de la justicia caiga sobre el ejecutor, no debemos ignorar que la semilla de odio que prendió en su mente la siembran de manera irresponsable muchos dirigentes: por ejemplo Donald Trump con sus soflamas en contra de la inmigración. Si siembras odio, no puede extrañarte que en alguna mente perturbada o perdida, con tierra abonada en la que prosperar, al final la semilla brote y la planta extienda sus ramas traduciéndose en crímenes como el que hemos sufrido en Pittsburgh.
Al principio de la porción de esta semana, tras la muerte de Sara, Abraham pide a los hititas un lugar en el que enterrar a su muerta. Él es guer ve-toshab, un extranjero que está (co-existe, con-vive) entre ellos y con ellos. Amistosamente los hititas le venden la cueva de la Majpelá, y su campo y sus árboles. Le ofrecen lo mejor que está en su mano (v. 23:6):
בְּמִבְחַ֣ר קְבָרֵ֔ינוּ קְבֹ֖ר אֶת־מֵתֶ֑ךָ אִ֣ישׁ מִמֶּ֔נּוּ אֶת־קִבְר֛וֹ לֹֽא־יִכְלֶ֥ה מִמְּךָ֖ מִקְּבֹ֥ר מֵתֶֽךָ
“En la mejor de nuestras sepulturas entierra a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro ni te impedirá que entierres a tu muerta.”
Cuando la semana pasada Abraham recibía a los emisarios en su tienda, les ofreció carne tierna y buena (Gén. 18:7): de lo mejor de su ganado. Esta semana los hititas le venden la mejor de sus sepulturas. Nuestras tiendas (hogares) deberían ser como las suyas: siempre preparadas para recibir al forastero y al huésped. También nuestras fronteras deberían ser más solidarias y comprensivas con el migrante y el refugiado, pues no dejan de ser líneas en los mapas, trazadas por el ser humano, insignificantes e invisibles. ¿Por qué el pueblo judío está desapegado a la tierra? Debido a nuestras idas y venidas, a exilios voluntarios y forzosos, y porque la naturaleza y la historia nos han inspirado un hogar portátil: la tradición milenaria de enseñanzas y textos que nos acompaña. En cualquier esquina del mundo, siempre que me rodeen mi familia y mis libros, me siento en casa. El vínculo que une al pueblo judío es de sangre, de vida y de texto. Pero existen seres humanos que apegan su voluntad al suelo y su dominio al territorio. El filósofo Franz Rosenzweig dijo una vez:
“La tierra traiciona al pueblo que confía su duración a la de ella. La tierra permanece, pero el pueblo que hubo sobre ella pasó.”
A todos los nacionalismos, a todos los patriotismos, a todos los fanatismos y supremacistas debemos decir: la tierra no es vuestra. La tierra no nos pertenece sino que nos acoge como a huéspedes: guerim ve-toshabim extranjeros y habitantes temporales somos para ella. El lugar más amplio parece muy estrecho si la hostilidad y el rechazo fluyen entre sus moradores. En otros lugares, sin embargo, por minúscula que sea su extensión siempre caben más, porque sus habitantes se aceptan y adaptan: aprenden a com-partir.
No debemos permitir que el ataque a la sinagoga “Ets Jayim – Or Le-simjá” de Pittsburgh perpetrado el sábado 27 de octubre nos desvíe de la defensa de nuestros valores y de nuestras tradiciones. Nunca cerraremos las puertas ni las manos al extranjero, porque extranjeros fuimos en la tierra de Egipto. Nunca rechazaremos al ajeno, al lejano, al débil, al migrante ni al refugiado. Nunca detendremos nuestra lucha por los derechos civiles y las libertades políticas. Abraham se presenta como guer ve-toshab “extranjero y huésped”, pero los hititas en cambio lo reciben como nasí “príncipe”:
שְׁמָעֵ֣נוּ אֲדֹנִ֗י נְשִׂ֨יא אֱלֹהִ֤ים אַתָּה֙ בְּתוֹכֵ֔נוּ
“Escúchanos, mi señor; tú eres un príncipe de Dios entre nosotros.”
Entre nosotros y dentro de nosotros, en nuestro lugar y en nuestro interior, en nuestro corazón. Aprendamos a recibir al “otro” con la humildad del que sabe que es mortal y que su paso por el suelo que pisa es transitorio, del que conoce su pasado y sus orígenes, del que comprende y ama, y acepta y extiende la mano al necesitado, y lo recibe como “príncipe” y no como “extraño”: en su casa, su tierra, su corazón y su pensamiento. La extensión de la tierra que pisamos está en los ojos de quien mira y de las palabras que usamos para delimitarla y definir nuestra vinculación y nuestra relación con ella. En la tierra del hospitalario siempre hay un hueco para el necesitado; en el lugar que ocupa el intolerante no hay espacio suficiente ni siquiera para él mismo y su pretensión siempre expansiva, insaciable y excluyente.
Jazak ve-emats, “sé fuerte y valiente”. El logo de los Pittsburgh Steelers, equipo profesional de fútbol americano de la ciudad, estos días dice: stronger than hate. El pueblo judío fue, es y será más fuerte que el odio.
Fuente de toda vida, Fuerza que crea e impulsa el universo, inspira valor y valentía en nosotros y en todos los discípulos de nuestro padre Abraham y de nuestra madre Sara. Perpetúa la memoria de aquellos a quienes nos han arrebatado en la sinrazón del odio y del prejuicio; alivia el dolor de sus seres queridos y de sus amigos, de sus comunidades y de sus vecinos; y cura y repara el corazón y el pensamiento afligidos. Ilumina nuestros ojos con los valores y enseñanzas de Tu Torá, para recordar y defender la vida, perseguir la justicia y la paz, y cumplir con el cometido que repetimos cada día al acostarnos y al levantarnos: “¡Escucha! ¡Ama!”
.ובאה לציון גאולה. אמן כן יהי רצון

lo más leído

Comentario a la Perashat Mishpatim, por Adi Cangado

Comentario a la Perashat Mikets, por Adi Cangado

Comentario a la Perashat Sheminí, por Adi Cangado