Reflexiones sobre el Shofar

¿Qué es el “Shofar”?

Por Adi Cangado




Desde que empieza el mes de Elul hasta el final del día de Yom Kipur, los judíos hacemos sonar el shofar.

שופר צרפת וספרד יצרח להתקדש
“Un shofar resonará, desde Francia y España, para santificarse.”

Este hermoso verso lo escribió el Rabí Shimón ha-Gadol (Mainz, 950-1020) en uno de sus piyutim o poemas litúrgicos.

El día de Rosh ha-Shaná, el primero de Tishré y año nuevo litúrgico del judaísmo, es yom ha-din, “día del juicio”, yom ha-zikarón “día de recordación” pero sobre todo yom teruá “día del toque (de shofar)”, tal y como leemos en Núm. 29:1:

וּבַחֹדֶשׁ הַשְּׁבִיעִי בְּאֶחָד לַחֹדֶשׁ מִקְרָא-קֹדֶשׁ יִהְיֶה לָכֶם ;כָּל-מְלֶאכֶת עֲבֹדָה לֹא תַעֲשׂוּ:  יוֹם תְּרוּעָה יִהְיֶה לָכֶם.

“Y en el mes séptimo, en el primero del mes, convocatoria (observad que mikrá en hebreo encierra la idea de “llamada”) santa será para vosotros, todo trabajo servil no haréis (en ese día): día de teruá será para vosotros.”

En su Tratado sobre la Teshubá (3:4), el Rambam nos dice que el sonido del shofar nos llama a despertar: “Vosotros, los que permanecéis dormidos, ¡despertad de vuestro sueño, examinad vuestras acciones, volved con arrepentimiento al Señor y tened presente a vuestro Creador!”

El término hebreo shofar (שופר), cuerno de carnero o cabra o antílope que se utiliza como instrumento musical de viento, procede del arameo shofara (שופרא) y éste a su vez del acadio shapparu, “bóvido”.

¿Por qué tocamos el shofar? Porque es un instrumento en el que no podemos elaborar una melodía. Es primitivo, anterior a cualquier escala musical. Tal vez por eso, de entre los demás instrumentos musicales citados en la Biblia Hebrea, estas fechas de reflexión están asociadas al shofar: nos recuerda lo más íntimo de nuestra naturaleza, lo más elemental. En palabras del Rab Tsadok ha-Kohén, “es el instrumento que dice: cuando no son posibles las palabras, no se necesitan las palabras”. En Rosh ha-Shaná el alma judía anhela reencontrarse con su Fuente creadora. El shofar refleja el sonido de lo inexpresable: nos devuelve a los orígenes del ser humano y curiosamente estamos en el mes de Elul en dirección al primero de Tishré, fecha en la que la tradición judía celebra la creación de la humanidad. El autor austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951) escribía en su “Tratado Lógico-Filosófico”: “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”. Nos callamos y escuchamos sus notas atronadoras. Lo decible queda confrontado a lo indecible, pero lo indecible es mostrable. En las notas primitivas del shofar se acaricia, se palpa, lo indecible. Lo más esencial del ser humano, su más interior grito de vida, es inexpresable. El shofar expresa (para recordárselo a la humanidad) lo que solamente se puede mostrar, lo que el lenguaje no puede significar.

En un piyut de Yekutiel bar Moshé se dice sobre el shofar,

יסתער בקרבי בעת אתחיל
“truena (el shofar) dentro de mí cuando comienzo (a rezar)”

Cuando el alma grita lo inexpresable, solamente entonces, después de este sonido primitivo y elemental que reclama/proclama la vida (Rosh ha-Shaná es la “llamada de la vida”), surge como un caudal la oración sincera. Por eso es costumbre tocar el shofar durante el mes de Elul, excepto el día antes de Rosh ha-Shaná, y por eso también es precepto hacerlo sonar en Rosh ha-Shaná durante la oración de la mañana. Sus notas nos acompañan durante el último mes del año salvo el último día, que permanece callado, y al día siguiente (en el primero del año) truena y resuena con toda su fuerza anunciando la humanidad.

De acuerdo al Rab Saadiá Gaón, hay diez alusiones al shofar que nos ayudan a entender el significado de su sonido:

  1. En Rosh ha-Shaná, celebramos que Dios, el Eterno, es el Manantial creador del universo.

  1. Su sonido nos llama a reflexionar, al arrepentimiento, antes del día del perdón (Yom Kipur).

  1. En el Monte Sinaí, cuando los judíos aceptaron las diez palabras primigenias (los diez valores grabados en piedra en las dos tablas), “el sonido del shofar crecía continuamente y era muy intenso” (Éx. 19:19). En Año Nuevo reafirmamos el apego a los cometidos y a las enseñanzas de nuestros antepasados.

  1. Nos recuerda también la llamada de los profetas a hacer teshubá (ver por ej., Ez. 33:2-3).

  1. Nos interpela a la reparación y reconstrucción del mundo, tal y como decía Jeremías (vv. 4:19-20): “No deberé callar, pues en el sonido del shofar has escuchado, oh alma mía, la llamada a luchar”.

  1. Es un cuerno de carnero (o de cordero) en recuerdo a la Akedat Yitsjak, “la atadura de Isaac”, lectura que también hacemos en Rosh ha-Shaná. Aquel día Abraham no sacrificó a su hijo, sino que siguió la voz de su conciencia: sustituyó a su hijo por un carnero. Abraham nos ha dejado esta lección tan valiosa, la de escoger entre lo mejor y lo peor incluso cuando las peticiones que Dios le hace se contradicen entre sí (es decir, debemos buscar siempre lo mejor que la Biblia Hebrea nos puede aportar, separar el alfiler de oro en medio del centeno).

  1. El shofar inspira reverencia y temor, “¿puede el shofar sonar en una ciudad y que sus habitantes no se estremezcan?”, dice el profeta.

  1. De acuerdo a Sofonías (1:16), al llegar la Era Mesiánica “un día sonará el shofar”.

  1. También su sonido reúne a los exilios, tal y como dijo Isaías, “y ocurrirá en ese día, que el gran shofar sonará” (v. 27:13). Reunir en su cometido a quienes están dispersos: buscar la justicia, la bondad y la paz.

  1. Finalmente, nos consuela en la creencia de que el ser humano es mucho más que carne y huesos, pues su buen nombre y sus obras le sobreviven. La vida completa/cumplida brotó mucho antes de nacer y palpita muchos siglos después de la muerte.

Tocamos el shofar en Rosh ha-Shaná treinta o cien notas o incluso más, según la costumbre de cada comunidad.

Antiguamente se hacía sonar muy temprano, tal y como nos relata el Talmud (Pesajim 4a), pues: zerizín makdimín le-mitsvot “los celosos observan los preceptos tan pronto pueden”. Sin embargo durante la dominación romana hubo de cambiar esta costumbre, debido a que los romanos interpretaban este resonar tan fuerte como una llamada a la rebelión y solían irrumpir en las sinagogas y masacrar a quienes allí estaban. En la actualidad se toca el shofar hacia el final de la oración de la mañana de Rosh ha-Shaná.

Fue el Rabí Abahu de Cesarea quien estableció el modo en que el shofar debe tocarse (Talmud, Rosh ha-Shaná 34a). Se hacen sheloshim kolot “treinta sonidos o notas (literalmente “voces”)” de cada vez, 12+9+9: tekiá-shebarim-teruá-tekiá 3 veces, tekiá-shebarim-tekiá 3 veces y tekiá-teruá-tekiá 3 veces. 12 (4*3), 9 (3*3) y 9 (3*3) hacen 30 notas:

(3) תשר״ת
(3) תש״ת
(3) תר״ת

El sonido tekiá (ת) consiste en una nota uniforme y prolongada. Cuando se hace el último tekiá de una serie, se toca como tekiá guedolá, más larga que las demás. El sonido shebarim (ש) consiste en tres notas prologadas pero entrecortadas, como en un llanto. El sonido teruá (ר) está formado por nueve notas muy breves, cortadas (staccato).



Muchos judíos ortodoxos hacen sonar las notas del shofar: antes del Musaf de Rosh ha-Shaná y de recitar “Ashré”; después, durante la sección del Musaf llamada “Maljuyot, Zijronot ve-Shofarot” y para cada una de ellas, y nuevamente durante su repetición por parte del Cantor, con la misma “melodía”.

El servicio religioso de la mañana de Rosh ha-Shaná es más breve en el judaísmo liberal (o Reforma), pero se ha preservado el “Servicio del Shofar” justo después de concluidas las lecturas de la Torá y los profetas. Por ejemplo, en el Union Prayer Book Vol. II tenemos como mínimo tres veces diez notas. En la primera sección, “Maljuyot”, antes de recitar los dos primeros versos del Salmo 93, tocamos:

תר״ת
תש״ת
תשר״ת

En la segunda sección, “Zijronot”, antes de recitar el verso 54:10 de Isaías, se repiten esas mismas notas. Finalmente, en la sección de “Shofarot”, antes de leer los versos 18:3 y 27:13 de Isaías, cuatro series, entonando la última nota como tekiá guedolá:

תשר״ת
תש״ת
תר״ת
תשר״תג

Existen hermosas piezas musicales que se compusieron para acompañar este servicio, como por ejemplo Shofar Service (1964), del compositor americano Herman Berlinski (1910-2001), oriundo de Leipzig (Alemania). Dejó Alemania en el año 1933 y huyó a París, estudiando piano con Alfred Cortot y composición con Nadia Boulanger. Ante la caída de Francia a manos de los nazis, emigró a los Estados Unidos (1941). Para esta obra, pensada para coro mixto, tenor o barítono, shofar, dos trompetas y órgano, Berlinski se inspiró precisamente en el “Servicio de Shofar” del Union Prayer Book Vol. II.

Escuchar la tekiat shofar “el sonido del shofar” es un precepto para todo judío, tal y como dice el Salmista,

אשרי העם ידעי תרועה יוי באור פניך יהלכון
“Bienaventurado es el pueblo que conoce la teruá, Dios Eterno, a la luz de Tu rostro caminarán.”

Por ello, cuando se va a escuchar su sonido debe pronunciarse la siguiente bendición:

“Bendito eres Tú, Dios Eterno, Soberano del universo, que nos santificó a través de Sus preceptos y nos inspiró la mitsvá de escuchar la voz del shofar.”

Si el shofar da voz al llanto humano de lo inexpresable, la liturgia de los días solemnes, Año Nuevo y Yom Kipur, también está llena de lo contrario, es decir, de la creativa voz del payetán, del “poeta judío”, que más allá del orden fijo de las oraciones da rienda suelta a sus emociones y anhelos. El poeta, interpelado e inspirado por el Dios Eterno, contesta con un piyut. Pero de los piyutim de estas fechas os hablaré la próxima semana.

Sin más os deseo que tengáis paz en el Shabat. Shabat Shalom u-meboraj!

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