Comentario a la Perashat Mishpatim, por Adi Cangado

"Fuera de lugar"

Por Adi Cangado


Comentario a la Perashat Mishpatim


   La semana pasada Yitró, suegro de Moshé, le recomendaba nombrar jueces que pudiesen aliviar la carga de dirimir los conflictos que surgían entre los israelitas y el pueblo de Israel se asentaba frente a Sinaí y recibía los diez mandamientos.

   El relato de la Torá continúa con otros preceptos que regularán la coexistencia en el desierto, algunos expresados en forma de casuística legal y otros que reflejan el mismo estilo exclamativo e imperativo de los diez mandamientos. Muchas de estas leyes fueron adoptadas de los códigos legales de otras naciones a lo largo de los primeros siglos de formación del pueblo de Israel; algunas nos resultan extrañas si las leemos desde la óptica del europeo moderno, pero otras conservan completamente su actualidad, como por ejemplo la protección del débil, de la viuda, el huérfano, el pobre.

   A pesar de la indudable influencia de la época, y como siempre ha ocurrido en la historia de la experiencia judía, han quedado entre estas leyes pinceladas y matices que sí son genuinamente judíos pues apelan al pueblo que debía cumplirlas y especialmente a su corazón y a su memoria colectiva:

-Ve-guer lo toné ve-ló tiljatsenu ki guerim heyitem be-érets Mitsrayim "Y al extranjero (que reside contigo) no maltratarás, ni lo oprimirás, pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto." (Éx. 22:20)

-Ve-guer lo tiljats ve-atem yedatem et néfesh ha-guer ki guerim heyitem be-érets Mitsrayim "Y al extranjero (que reside contigo) no oprimirás, porque vosotros conocéis el alma del extranjero, pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto." (Éx. 23:9)

   En dos ocasiones el mismo precepto, comenzando además por el complemento y no por el verbo, llamando nuestra atención.

   ¿Quién es este guer? La tradición rabínica ha querido encontrar aquí a aquel que se convierte al judaísmo, el guer tsédek, pero esta interpretación no es fiel a la literalidad del versículo. Aquí el guer es el que reside, ha-gar, "el que habita" entre los israelitas pero sus orígenes están en otro lugar y en otro pueblo. Pues guerim, "extranjeros", fuisteis en la tierra de Egipto, dice la Torá en los dos versos que hemos citado.

   Pocas personas están más desamparadas en el mundo que aquellos que se encuentran fuera de su lugar de origen, o alejados de su pueblo. Llegan muchas veces sin más que lo puesto o con alguna pertenencia escasa en una mochila o en una maleta a otro país que no es el suyo. Muchos no conocen la lengua del lugar, las costumbres, los códigos sociales, o las leyes. A lo mejor huyen de un conflicto bélico, o de la persecución, o de la pobreza más extrema. No son turistas adinerados que se pasean por las ciudades y consumen y derrochan sus divisas, sino migrantes y refugiados. ¿Os habéis sentido alguna vez en tal situación? El Rambán (Najmánides) decía que el guer, el extraño que habita entre nosotros, está en una situación débil: él o ella no están rodeados de su familia, amigos, vecinos, es decir, de una comunidad o entorno que les defienda. Pero también es vulnerable psicológicamente, pues carece de las seguridades habituales que aportan el hogar y la pertenencia. Él o ella están y/o se sienten solos, y con frecuencia se convierten en un chivo expiatorio, en el objeto de opresión y discriminación en los lugares a los que llegan.

   La Torá le da suma importancia a este precepto de "no oprimir al extranjero" (ya sea con actitudes, palabras, gestos, o ataques directos) y lo repite hasta 36 veces de las cuales esta es la primera (así se explica en el Talmud Bavlí, Bava Metsia 59b). Por lo tanto debemos asumir que se trata de una mitsvá principal y llena de significado.

   ¿Por qué la Torá prohíbe "oprimir" y "maltratar" al extranjero? ¿Por qué, más adelante, en el libro de Vayikrá, incluso nos dirá que debemos "amar" al extranjero? Nos da dos razones:

-"pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto"
-"porque vosotros conocéis el alma del extranjero"

   No porque está en una situación de debilidad, no porque a lo mejor es pobre, no porque quizás busca refugio en el pueblo de Israel. No. Debemos cuidar y proteger al extranjero porque fuimos como él o ella, y porque el judío conoce mejor que cualquier otro pueblo de la tierra qué siente el extranjero, qué emociones y pensamientos tienen el migrante o el refugiado. Con un breve repaso de la historia judía nos encontramos con exilios, expulsiones, persecuciones, migraciones. ¿Quién sino un judío debería conocer "el alma del extranjero", lo que se siente cuando se está fuera de lugar? Más allá de la anécdota, la Torá apunta a un precepto de alcance mayor: nos está pidiendo empatía.

   Emmanuel Levinas, filósofo francés del siglo pasado, decía que la empatía estaba en la raíz de lo que significaba ser humano. Levinas dijo: "Esta atención al Otro, en medio de las crueldades de nuestro siglo - a pesar de esas crueldades, y debido a esas crueldades - puede ser afirmada como el verdadero vínculo de la subjetividad humana, incluso hasta el punto de alzarse como principio ético supremo - el único que no es posible rebatir". No se trata de no oprimir al extranjero, de cuidar de él o ella, porque Dios así lo pide, sino debido a la conexión especial que tenemos, como judíos, con él o ella, con el migrante, con el refugiado. Existe un lazo de unión con nuestra propia memoria histórica y con nuestras emociones, ya sean las lejanas ("pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto") o las que como pueblo hemos experimentado hasta fechas recientes ("porque vosotros conocéis el alma del extranjero").

   Esta semana más de veinte cadáveres del naufragio de una patera llegaron a las costas de Melilla. El Mediterráneo se ha convertido en una tumba (otra vez). El drama de los campos de refugiados, sobre todo sirios, y la vergonzosa reacción de las autoridades europeas, deberían hacernos sentir rabia, enfado y asco. Porque fuimos ellos muchas veces.

   También en Israel. El día 31 de marzo se cumplirá el ultimátum del gobierno de Biniamín Netanyahu para la deportación de decenas de miles de migrantes, en su mayoría sudaneses y eritreos, quienes han empezado a recibir la notificación para su expulsión a un tercer país (Uganda, Ruanda). Creo que el gobierno israelí debería rectificar. Porque fuimos ellos muchas veces.

   A veces pienso que esta condición tan extraña, la de estar siempre "fuera de lugar", es una de las más genuinamente judías. El alma judía es néfesh ha-guer, "el alma de un extranjero". El primero de los patriarcas, Abram, debió emprender un viaje espiritual y físico a través del exilio, y solamente entonces su nombre se convirtió en Abraham. Dios le pidió a Abraham la más dura de todas las pruebas con aquellas palabras, lej lejá "ve por ti mismo", tal vez para que aprendiese a hacer aquello que los seres humanos más temen en el mundo: ser arrancados de su raíz, dejar su casa y echarse a caminar hacia un lugar desconocido.

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