Comentario a la Perashat Bo, por Adi Cangado

¿Nostalgia o confianza?


Comentario a la Perashat Bo

Por Adi Cangado


   Este año 2018 se celebra el bicentenario de la fundación del Templo de Hamburgo, el Israelitischer Tempel, pionero de lo que en la actualidad conocemos como judaísmo reformista. En plena Ilustración el status de los judíos en muchos lugares de Europa cambia completamente: se convierten en ciudadanos de pleno derecho de sus países. Algunos años antes, en 1801, el filántropo Israel Jacobson, lector incansable de Gotthold Ephraim Lessing y de Moses Mendelssohn, había fundado en Seesen un colegio para cuarenta niños judíos y veinte niños cristianos. En el año 1810 creó para aquella escuela un Templo judío, introduciendo el órgano para los servicios religiosos, a cuyas notas acompañaban las voces de un coro de niños que entonaban himnos religiosos en alemán, con oraciones que se recitaban algunas en hebreo y algunas en alemán. Esta resolución por adaptar el judaísmo a la época inspiró a cada vez más judíos, y el día 11 de diciembre del año 1817 se fundó la Neuer Israelitischer Tempelverein cuya labor culminaría el día 18 de octubre de 1818 en la inauguración del Templo de Hamburgo. El impacto en la comunidad judía fue casi traumático. Por primera vez no se incluían en las oraciones ni el deseo por la reconstrucción del Templo de Jerusalén, ni la restauración de los sacrificios que allí se ofrecían ni la espera a la llegada de un Mesías personal. Muchos rabinos condenaron este enfoque. Muchos aún consideran que esto es ruptura: yo en cambio lo llamo honestidad intelectual.
   También este año el judaísmo reconstruccionista está de aniversario. Cuando en el año 1945 el Rabino Mordejai Menájem Kaplan publicó su sidur para el Shabat, la reacción de los sectores más tradicionalistas fue violenta. El libro fue quemado en público por judíos ortodoxos. Algunos años más tarde, en 1968, se fundaría el seminario rabínico reconstruccionista. Hace 50 años.
   Tanto en el judaísmo reformista como en el reconstruccionista, sin embargo, a lo largo de los años aquella ruptura fue dejando su espacio a la nostalgia por lo "tradicional" frente a lo "nuevo" pero, ¿es realmente esta actitud la correcta? ¿Qué nos inspira Dios? ¿Nostalgia o confianza? ¿Nostalgia o resolución?
   Esta semana leeremos la Perashat Bo, en la que Dios pide a los israelitas que comiencen la cuenta de los meses y celebren por primera vez Pésaj. Muchos comentaristas consideran que la Torá propiamente comienza en este capítulo 12 del libro de Shemot. De hecho, a partir de la salida de Egipto y durante los años que pasaron en el desierto, los israelitas van a recibir toda una serie de preceptos que nunca se habían dado a Abraham, a Isaac y a Jacob, y sin embargo con insistencia Dios le dice a Moshé que Él sigue siendo el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.
   En relación a la fiesta de Pésaj, a aquella primera vez que se celebró, hay dos aspectos que deben llamar nuestra atención. En primer lugar, el pueblo va a ser libre pero todavía no lo sabe. Celebrarán el primer Pésaj en Egipto, la noche antes de partir. ¿Por qué? El Faraón podría ordenar su exterminio o prohibirles marchar. A pesar de ello, la fiesta de la libertad se celebra cuando todavía están bajo el yugo del Faraón. ¿Qué les está pidiendo Dios? Confianza, resolución, no nostalgia. En segundo lugar, pienso en aquellos israelitas que recordaban al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, pero que nunca habían celebrado Pésaj y, a pesar de ello, de repente estaban observando algo sencillamente nuevo, nuevo para ellos y nuevo para el judaísmo.
   En estas semanas, en las clases sobre judaísmo, hemos explicado el origen y el desarrollo de la Torá oral, de la Mishná y del Talmud. Las explicaciones e interpretaciones de los rabinos son el fruto de generaciones enteras dedicadas al estudio en academias y sinagogas que habían desarrollado su actividad mientras el Templo de Jerusalén estaba en pie. Cuando fue destruido en el año 70 e.c., estas academias y sinagogas resistieron el embiste y de no haber sido por ellas (que de por sí eran algo "nuevo") y de no haber sido por la labor de recopilación de la Mishná y del Talmud, ¿qué habría sido del judaísmo? Habría desaparecido. Llama mucho la atención que el Talmud de Jerusalén no dedica ninguna página al tratado de Kodashim de la Mishná, es decir, el que explica los detalles sobre el servicio en el Templo y los sacrificios que en él se ofrecían, y sin embargo sí se dedica de manera extensa a los preceptos agrícolas. Aquellos rabinos eran conscientes del cambio y se dedicaron a los preceptos que tenían cabida dadas las circunstancias de su época. Tuvieron resolución, tuvieron confianza. No se quedaron congelados y atrapados por la nostalgia.
   Pasan los siglos y las generaciones, y el judaísmo sigue evolucionando, y en el corazón de la discusión permanece la misma pregunta que hace doscientos años, mil años, dos mil años, cuatro mil años: ¿cuánto de "nuevo"? ¿cuánto de "tradicional"? Pero, ¿es esto relevante?
   Os animo a abrir un sidur ortodoxo y a buscar la primera oración. Encontraréis el "Modé aní", que recitamos tan pronto nos despertamos, antes de levantarnos de cama. ¿Sabéis cuántos años lleva ahí? Menos de dos siglos. El "Modé aní" se menciona en el Séder Hayom del Rabí Moshé ibn Yehudá Majir, escrito en Safed en el siglo XVI, y no se incorporará a las oraciones hasta pasados muchos años. Ni siquiera en el sidur del Rabí Samson Raphael Hirsch, uno de los oponentes más destacados al judaísmo reformista en el siglo XIX, aparece el "Modé aní". Si acudimos al Talmud de Babilonia, se nos dice que justo al despertarse deberíamos recitar la oración "Elokay neshamá" y si leemos el Talmud de Jerusalén ni siquiera encontraremos "Elokay neshamá" y se nos enseña que al despertarnos debemos decir Baruj atá Adonay mejayé ha-metim "Bendito eres Tú, Adonai, que das vida a los muertos". Pero en la actualidad nos despertamos y decimos "Modé aní", aquello que en su día fue "nuevo".
   La semana pasada, en la Perashat Vaerá, encontramos este versículo bastante revelador: "Me revelé a Abraham, a Isaac y a Jacob con el nombre de El-Shaday, pero por mi nombre Y-H-V-H lo nodati no me reconocieron" (Éx. 6:3). Es muy interesante, apunta Rashi, que el verso dice lo nodati "no fui reconocido (por ellos)" en lugar de lo hodati "no me di a conocer (a ellos)". Pero Dios le remarca en varias ocasiones que Él sigue siendo, no obstante, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.
   En el Talmud de Babilonia se recoge esta parábola sobre el propio Moshé (Menajot 29B), que aparece en el futuro acudiendo a una clase en la academia del Rabí Akiva. Moshé se sienta en las últimas filas y escucha y no entiende lo que se está discutiendo allí, pero llegado a un determinado punto el Rabí Akiva dice halajá le-Moshé mi-Sinai "(esta es) la ley (dada) a Moshé en Sinaí", y entonces Moshé se calmó.
   El jasid Reb Mendel Futerfass dijo: "Si pierdes tu dinero, no has perdido nada. El dinero viene y se va. Si has perdido tu salud, has perdido la mitad. No eres la persona que eras antes. Pero si has perdido la resolución, has perdido todo".
   En cada generación, los judíos debemos afrontar con valentía, resolución y confianza los retos y también los cambios. La nostalgia, el mirar atrás, solamente nos convertirá en una estatua de sal como a la mujer de Lot huyendo de la destrucción de Sedom. El pasado, sencillamente, no volverá.

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